Tres fariseos en el palco

Olavo de Carvalho

No fue posible en el periódico

Mídia Sem Máscara, año 1, número 3, 18 de septiembre de 2002

El toque de farsa religiosa de un truhán internacional.

A primeros de junio, cuando estuve en Nueva York, por todas partes se veía la cara de Jesse Jackson. Era la tapa de Shakedown. Exposing the Real Jesse Jackson (New York, Regnery, 2002), el último best seller del reportero Kenneth R. Timmerman, que cuenta con detalles crueles el ascenso de su personaje de la condición de proxeneta de calle a la de “líder religioso” y candidato presidencial enriquecido mediante fraudes deslumbrantes, harta distribución de propinas y chanchullos escabrosos en comandita con dictadores del Tercer Mundo, principalmente con Muammar Khadafi.

Timmerman no es un husmeador de escándalos. Es un escritor serio. Sus anteriores reportajes fueron muy elogiados por celebridades como Simon Wiesenthal y Frederick Forsyth. Pero no por eso su último libro deja de contener algunos detalles comprometedores sobre la vida amorosa de Jackson, como por ejemplo su desliz con una sirvienta, del que resultó un hijo bastardo, cuya existencia era mantenida en secreto.

En la ciudad no se hablaba de otra cosa. En las escalinatas del Capitolio, vi al otro hijo de Jackson, el Diputado Jesse Jr. Era un gordito todo engominado que iba de un lado para otro, gesticulando y vociferando con un móvil. No estaba el horno para bollos. En la prensa, los columnistas anunciaban que el “Imperio Jesse Jackson” empezaba a desmoronarse.

El reverendo Al Sharpton, nueva estrella en ascenso en las preferencias de los religiosos negros, ha dicho al comentarista George Will que, tras las revelaciones recientes, el acceso de Jackson a la comunidad está siendo cada vez más restringido.

Nada, absolutamente nada de eso ha sido comunicado al público brasileño por nuestros medios de comunicación, que, al mostrar a Jackson en el palco haciendo el rendibú a Benedita y a Lula en Rio de Janeiro y en Santo André respectivamente, ha vendido a los lectores, como actual y válida, la antigua imagen de un líder respetado y serio, en la que en EUA ya no cree nadie.

Aunque las fechorías de Jackson son de escala suficiente como para hacer de él una reedición de Elmer Gantry, el pastor-charlatán de la clásica novela de Sinclair Lewis (llevada al cine, con Burt Lancaster en el papel principal), el pueblo pobre, al que el PT dirige su mensaje publicitario, no tiene los medios ni la obligación de adivinarlas. Si los medios de comunicación las esconden, el pobre elector se traga como auténtico el falso prestigio internacional utilizado para embellecer la imagen de los candidatos petistas.

Pero la apariencia ilusoria ha sido usada para crear una impresión más ilusoria aún. El apoyo a Lula y Benedita en los medios evangélicos brasileños estaba siendo bastante flojo – la comunidad está en realidad con Garotinho – y, como no había a disposición ninguna celebridad religiosa genuina cuya presencia pudiese asociar la imagen de los candidatos petistas con el evangelismo, el remedio fue importar un producto fraudulento y anunciarlo como “Gospel chic” a la platea brasileña.

Investido de esa tremenda autoridad espiritual, Jackson anunció a los brasileños que Benedita es Martin Luther King y que Lula es Nelson Mandela, o tal vez viceversa. Benedita debe haberse quedado muy feliz, principalmente porque ignora que King no soportaba al tal Jackson. Pero al candidato presidencial Luís Inácio Lula, a quien los Drs. Rubem Alves y Raymundo Faoro ya han proclamado idéntico en méritos a Abraham Lincoln y superior en instrucción a Machado de Assis, parece que no le gustó nada en absoluto eso de ser rebajado a Nelson Mandela. Cogiendo el micrófono, exigió algo más a su altura: se equiparó sin más a Nuestro Señor Jesucristo, víctima de la elite anti-petista del Imperio Romano. El Dr. Leonardo Boff, que a todo asistía extasiado, no pudo bajar de las alturas de la contemplación espiritual para advertir al orador que, en ese célebre episodio bíblico, el gran éxito electoral no fue de Jesucristo, sino de Barrabás. Omitido ese detalle mínimo, el ungido de las multitudes consiguió ser casi tan conmovedor como el día en que, arrebatado por el espíritu de alabanza, pero presintiendo que podía ser algo incongruente atribuir a Dios los méritos de un notorio matador de cristianos, agradeció a Fidel Castro por la existencia del propio Fidel Castro.

Cíclicamente, en épocas de elección, la hipocresía religiosa suele alzarse de su sepulcro blanqueado para representar ante las masas el ritual patético del tartufismo universal. Pero incluso Elmer Gantry tenía limites. La cara dura, una vez superado un cierto grado de rigidez, empieza a acercarse a ese remedo grotesco cuyo modelo perfecto es Satanás en persona. Impenetrables y coriáceas, inmunes incluso al llamamiento del sentido del ridículo, las almas de Benedita y Lula han mostrado de qué son capaces en su hambre de éxito. Pero tal vez no habrían podido llegar a eso por sus propias fuerzas. La colaboración de un fariseo internacional les infundió el valor faltante para el sacrificio supremo.

Los medios de comunicación, callando lo que saben o deberían saber acerca del oficiante mayor de la comedia, han ayudado a embaucar al público.

Cuando digo que nuestro periodismo se ha transformado en propaganda pura y simple, es un eufemismo. En lo que se ha transformado es en propaganda engañosa, que no es ni pura ni simple.

Fuentes: “Novas preces para ‘sister Benedita’ e ‘brother Lula'”, O Globo, 28 sept. 2002; “Lula, com evangélicos, se compara a Jesus”, Globo On-line, http://oglobo.globo.com/oglobo/especiais/eleicoes2002/45232598.htm

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