
Mentiras cruzadas
Olavo de Carvalho
O Globo, 15 de enero de 2005
La noticia que señala una menor mortalidad infantil en Cuba que en EUA, echando la culpa de la diferencia al gobierno Bush, prueba nuevamente la validez del precepto leninista según el cual dos mentiras articuladas funcionan mejor que una aislada.
Hace años que los conservadores están denunciando el descalabro del sistema sanitario americano, efecto del gigantismo estatalista fomentado por la izquierda. Y la baja mortandad infantil en Cuba data ya del tiempo de Batista, cuando el país era la tercera economía de América Latina. Basta invertir las secuencias temporales y, cruzándolas, conseguir una comparación falsa cuyas conclusiones el lector sacará automáticamente, convencido de que llegó a ello por su cuenta y sin ninguna inducción externa. Es la técnica de superponer dos imágenes en la pantalla para producir una tercera en la mente del espectador, como hacía Eisenstein en sus películas de propaganda stalinista.
Funciona mejor aún con un público extranjero, distante de las fuentes directas. La izquierda, organizada mundialmente, en contraste con las derechas deslavazadas e inconexas, siempre saca provecho de los errores y crímenes que comete en un país, usándolos en otro país como material para denuncias antiderechistas, segura de que allí nadie intentará investigar los hechos en sus orígenes.
Esa maniobra se ha incorporado de tal modo a los hábitos del periodismo que puede ser practicada sin ninguna intención consciente. Es la mentira rutinaria, insensible, aséptica.
A veces no hacen falta mentiras cruzadas. Basta sólo una, construida con el método simple de la supresión de palabras. Nuestros canales de TV airearon el enfrentamiento entre Donald Rumsfeld y un grupo de soldados americanos en Irak, a propósito de la escasez de carros de combate. El secretario habría recibido una reclamación insolente y, puesto en un aprieto, habría dado una respuesta áspera: “Uno hace la guerra con el ejército que tiene, no con el que sueña.” Sólo ahora, leyendo la transcripción íntegra de la declaración, he entendido que no sucedió nada de eso. No hubo reclamación insolente, aprieto o aspereza. Puesta de nuevo en su debido lugar, la frase se refería al propio Rumsfeld, no a los soldados. No les mandó que se apañasen con lo que tenían, sino que describió la reacción con que se topó él mismo al intentar acelerar la producción del material bélico. Compruébelo en http://www.humaneventsonline.com/article.php?id=6069
Existe también un método más sencillo todavía: falsear las proporciones. Todo el mundo leyó que un prisionero de Abu-Ghraib, forzado por los americanos a masturbarse en público y a amontonarse en una pirámide humana con sus compañeros de infortunio, afirmó que Sadam Husein jamás le habría sometido a tales humillaciones. Evidentemente: Sadam le habría cortado de entrada media docena de dedos o la mano entera, como hizo en esa misma prisión con miles de presos que los medios de comunicación progres, conscientes del deber de exhibir a un estupefacto mundo la superior maldad americana, ignoran solemnemente. Que el lector aclare la duda por su cuenta, si tiene estómago para ello. Las imágenes están en http://www.aei.org/events/eventID.844,filter.all/event_detail.asp y http://www.midiasemmascara.org/artigo.php?sid=2186. La vida es así: si usted hace una pequeña maldad, las personas le acusan indignadas; si el mal es demasiado grande como para que la conciencia del hombre medio soporte saberlo, todo el mundo hace como que no lo ha visto. El colaboracionismo de los medios de comunicación occidentales ayudan a las dictaduras islámicas y comunistas a aprovecharse de esa debilidad congénita del alma humana.
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Normando Hernandez, uno de los 22 periodistas que continúan presos en Cuba por delitos de conciencia, fue tan bien tratado en la cárcel que cogió la tuberculosis. Está condenado a 25 años de prisión, pero corre peligro de salir antes – hacia el cementerio.
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El embrollo del Forum Social Mundial, donde la arrogancia pomposa de las promesas utópicas parece armonizar muy bien con las prácticas financieras más sórdidas y mezquinas de este bajo mundo, ofrece la prueba fidedigna de que el slogan de la iniciativa, “Otro mundo es posible”, puede ser substituido con ventaja por el verso del poeta, comunista por cierto, Paul Eluard: “Hay otros mundos, pero están en éste.”