
Rechazando una invitación inaceptable
Olavo de Carvalho
www.olavodecarvalho.org, 25 de diciembre de 2004
1) Mensaje recibido el día de Navidad del 2004
Buenas tardes.
Soy anestesista y estudioso de mi profesión con más de 150 trabajos publicados, dos libros e innumerables capítulos de libros nacionales. Soy un estudioso de la filosofía contemporánea y tengo como base los estudios de André Compte-Sponville y Luc Ferry, además de haber leído desde los griegos hasta nuestros días, sin ningún estudio filosófico; sólo lectura para mejorar mi vida y mi profesión.
Trabajo en Rio de Janeiro y he fundado en São José do Rio Preto un Instituto de Anestesia Regional para enseñanza, investigación y trabajo. Como he completado 30 años de titulado en diciembre de este año y he trabajado con Testigos de Jeová durante más de 25 años, estamos en la fase final de conclusión para implantar un Servicio de Cirugía y Anestesia dedicado especialmente a los Testigos de Jeová. Después de más de 3 años de discusión, el Hospital de Base de S. J. Rio Preto ha decidido realizar mi sueño de crear un servicio en el que podamos ofrecer lo más moderno a los TJ e incluso dejarles morir si se diera el caso. Convivo bien con la vida y la muerte.
Ante lo expuesto, estoy organizando para el año próximo (marzo, abril o mayo) la inauguración de ese Centro de Referencia con un Sábado dedicado al estudio de la cirugía y anestesia en los Testigos de Jehová, con un “Simposio: De la Filosofía a la Cirugía”. Necesito un filósofo para inaugurar el evento que diserte sobre “El derecho a la vida y el derecho a la muerte”, abordando filosóficamente la muerte y el dejar morir. No sé si Ud. es un estudioso de ese tema. De serlo, me gustaría que se pusiese en contacto conmigo para concretar el programa y el proyecto. Si no le interesa, podría indicarme alguien que filosóficamente comulgue con la idea de la muerte. La medicina está avanzando y en breve tendremos el derecho a la Eutanasia, como ya sucede en países como Holanda y ahora Francia.
Un buen final de Navidad y un abrazo.
Luiz Eduardo Imbelloni
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2) Respuesta de Olavo de Carvalho
Estimado doctor:
Le agradezco su invitación, pero soy radicalmente contrario a la eutanasia, cuya práctica los nazis fueron los primeros en adoptar. "Derecho a la muerte" es una expresión autocontradictoria, porque la vida es un presupuesto de los derechos: todo derecho se extingue al extinguirse la vida, y ningún ciudadano tiene el derecho de privarse a sí mismo -- mucho menos a otro -- de todos los derechos. Asistir al moribundo en sus últimos instantes es una cosa; empujarle sutilmente al pozo de la muerte es otra. Perder esa distinción es un daño irreparable para la inteligencia humana, ya prácticamente incapaz hoy en día de distinguir entre un hombre y un molusco. Ideas como la eutanasia, el aborto o el matrimonio gay han sido concebidas a propósito, no para conseguir sus fines nominales (meros instrumentos de propaganda), sino para corroer la racionalidad del edificio jurídico y todo el soporte cognitivo de la civilización, inaugurando una era de voluntarismo reivindicativo ferozmente pueril que sólo puede ser buena para los candidatos a guías de las multitudes, especialmente los autodesignados futuros gobernantes mundiales (ONU, Comunidad Europea, etc.). Ninguna de esas banderas es separable; forman un único sistema, y apoyar una aisladamente es reforzar todas las otras. Hay muchas más implicaciones políticas y civilizacionales en esa cuestión de lo que se pueda imaginar a primera vista o de lo que, probablemente, Ud. desearía conocer. Es una ironía deplorable, pero bíblicamente comprensible, que una comunidad soi-disant cristiana se preste tan servilmente, por falta de discernimiento, a colaborar con la causa del Anticristo. Sin añadir a esa ironía el sarcasmo de desearle Feliz Navidad en tales circunstancias, subscribo,
Atentamente,
Olavo de Carvalho
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3) Nuevo mensaje
Sent: Sunday, December 26, 2004 9:10 AM
Estimado Olavo:
Le agradezco su rápida respuesta. Felizmente en la vida las discrepancias son fundamentales. En filosofía como también en medicina. Discrepo, pero no voy a discutir. Sólo quien ha convivido con un paciente moribundo con más de 30 días en la UCI y con un sufrimiento innecesario, y ha convivido con el nacimiento de un anencéfalo puede tener una opinión diferente a la suya. Por tanto, lo que parece tan bíblico para Ud. puede no parecérmelo a mí. Felizmente el mundo camina y los conceptos y prejuicios están cambiando.
Un buen final de año.
Luiz Eduardo Imbelloni
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4) Respuesta de Olavo de Carvalho
Estimado doctor:
Ya he convivido con moribundos. Uno de ellos, tras algunos meses de "sufrimiento innecesario", mucho más allá del nivel máximo que los adeptos de la eutanasia exigirían para sentirse autorizados a mandarlo de ésta a mejor vida, se recuperó milagrosamente y hoy es uno de mis mejores amigos. Respecto a los anencéfalos, es ridículo pretender que la ciencia conozca exactamente la función del cerebro en la producción de la conciencia. Casos como el que reproduzco a continuación muestran la profunda ignorancia de la clase médica al respecto. La única actitud sabia ante la constatación de nuestra ignorancia es la prudencia, la abstención de decisiones drásticas. No hay decisión más drástica que la que determina si un ser humano tiene que vivir o morir. Ud. puede considerarse capacitado para tomar esa decisión, pero no lo está ni lo estará nunca. La eutanasia será siempre la reivindicación abusiva de un poder divino, una hybris demoníaca que no podrá producir ningún buen resultado. El hecho mismo de que, en la nueva constitución del poder mundial, el derecho a la eutanasia quede consagrado en la misma lista que incluye el aborto, la liquidación de los anencéfalos y el uso de fetos humanos en las investigaciones con células-madre -- siempre justificadas con argumentos que implican la incapacidad de discernir entre un ser humano y los organismos animales – ya indica la inspiración profundamente anticristiana de esa idea. Ud. puede bromear con la diversidad de interpretaciones de la Biblia -- un libro que aparentemente, para Ud. no es más que una curiosidad histórica -- , pero nunca, entre los lectores cristianos, esa diversidad será tan elástica como para llegar al antagonismo extremo en una cuestión tan esencial como la del derecho a la vida. El hecho mismo de que Ud. se abstenga de discutir conmigo indica que nunca se ha interesado seriamente por las objeciones a la postura que ha adoptado, que refleja manifiestamente una preferencia personal no analizada. Reconozco su derecho a desensibilizarse por las dificultades morales de esa postura, pero le advierto que no existe conciencia moral donde no existe el análisis profundo y escrupuloso de las hipótesis en conflicto, principalmente en un caso que implica la decisión sobre la muerte de seres humanos. La afirmación de que "las discrepancias son fundamentales" no es más que una expresión de simple buena educación, cuando va acompañada del rechazo a analizarlas. Otro detalle significativo es que, para el evento mencionado en su primer mensaje, Ud. busque un filósofo decidido ya a apoyar la eutanasia, y no uno dispuesto a analizarla críticamente. Lo que Ud. quiere de él no es una discusión filosófica: es pura propaganda. Nuevamente, es un derecho suyo, pero no una postura intelectual y moralmente defendible.
Atentamente,
Olavo de Carvalho
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Is your brain really necessary?
http://www.alternativescience.com/no_brainer.htm
Do you really have to have a brain? The reason for my apparently absurd question is the remarkable research conducted at the University of Sheffield by neurology professor the late Dr. John Lorber.
When Sheffield’s campus doctor was treating one of the mathematics students for a minor ailment, he noticed that the student’s head was a little larger than normal. The doctor referred the student to professor Lorber for further examination.
The student in question was academically bright, had a reported IQ of 126 and was expected to graduate. When he was examined by CAT-scan, however, Lorber discovered that he had virtually no brain at all.
Instead of two hemispheres filling the cranial cavity, some 4.5 centimetres deep, the student had less than 1 millimetre of cerebral tissue covering the top of his spinal column. The student was suffering from hydrocephalus, the condition in which the cerebrospinal fluid, instead of circulating around the brain and entering the bloodstream, becomes dammed up inside.
Normally, the condition is fatal in the first months of childhood. Even where an individual survives he or she is usually seriously handicapped. Somehow, though, the Sheffield student had lived a perfectly normal life and went on to gain an honours degree in mathematics. This case is by no means as rare as it seems. In 1970, a New Yorker died at the age of 35. He had left school with no academic achievements, but had worked at manual jobs such as building janitor, and was a popular figure in his neighbourhood. Tenants of the building where he worked described him as passing the days performing his routine chores, such as tending the boiler, and reading the tabloid newspapers. When an autopsy was performed to determine the cause of his premature death he, too, was found to have practically no brain at all. Professor Lorber has identified several hundred people who have very small cerebral hemispheres but who appear to be normal intelligent individuals. Some of them he describes as having ‘no detectable brain’, yet they have scored up to 120 on IQ tests.
No-one knows how people with ‘no detectable brain’ are able to function at all, let alone to graduate in mathematics, but there are a couple theories. One idea is that there is such a high level of redundancy of function in the normal brain that what little remains is able to learn to deputise for the missing hemispheres.
Another, similar, suggestion is the old idea that we only use a small percentage of our brains anyway—perhaps as little as 10 per cent. The trouble with these ideas is that more recent research seems to contradict them. The functions of the brain have been mapped comprehensively and although there is some redundancy there is also a high degree of specialisation—the motor area and the visual cortex being highly specific for instance. Similarly, the idea that we ‘only use 10 per cent of our brain’ is a misunderstanding dating from research in the 1930s in which the functions of large areas of the cortex could not be determined and were dubbed ‘silent’, when in fact they are linked with important functions like speech and abstract thinking.
The other interesting thing about Lorber’s findings is that they remind us of the mystery of memory. At first it was thought that memory would have some physical substrate in the brain, like the memory chips in a PC. But extensive investigation of the brain has turned up the surprising fact that memory is not located in any one area or in a specific substrate. As one eminent neurologist put it, ‘memory is everywhere in the brain and nowhere.’ But if the brain is not a mechanism for classifying and storing experiences and analysing them to enable us to live our lives then what on earth is the brain for? And where is the seat of human intelligence? Where is the mind?
One of the few biologists to propose a radically novel approach to these questions is Dr Rupert Sheldrake. In his book A New Science of Life Sheldrake rejected the idea that the brain is a warehouse for memories and suggested it is more like a radio receiver for tuning into the past. Memory is not a recording process in which a medium is altered to store records, but a journey that the mind makes into the past via the process of morphic resonance. Such a 'radio' receiver would require far fewer and less complex structures than a warehouse capable of storing and retrieving a lifetime of data.
But, of course, such a crazy idea couldn’t possibly be true, could it?