Fanatismo epidémico

Olavo de Carvalho

O Globo, 13 de noviembre de 2004

 

 

He recibido de unos amigos una colección de artículos antiamericanos y anti-Bush que publicados en los medios de comunicación nacionales en los últimos meses. Es una masacre total, de una virulencia insana, emprendida con el espíritu del más fanático unanimismo y absoluta exclusión de la posibilidad de confrontación, incluso desigual, con argumentos discordantes.

 

Ya es imposible disimularlo: el periodismo brasileño, casi en su totalidad, se ha convertido en propaganda descarada, manipulación cínica, activismo político explícito.

 

No tengo la más mínima pretensión de ofrecer una resistencia eficaz a la epidemia goebbelsiana, con articulitos semanales de dos folios. Me limito a destacar algún ejemplo más sencillo, para estimular a los lectores a buscar en las fuentes extranjeras las comparaciones que el periodismo local les niega. Aquí va uno más.

 

El estudio del epidemiologista Les Roberts, según el cual la mortandad en Irak ha tenido un aumento de 98 mil personas desde el comienzo de la guerra, fue celebrado en esta parte del mundo como un descubrimiento científico idóneo, tanto más libre de toda sospecha por provenir de la Universidad Johns Hopkins (que uno de los entusiastas del estudio llega a calificar como “conservadora”, aunque la conoce tan bien que escribe “Johns” sin la “s”) y por haber sido publicada en la respetable revista médica Lancet.

 

Periodistas, profesores y hasta académicos con birrete, que deberían tener un poco más de compostura intelectual, celebraron la noticia como la prueba definitiva de la maldad de George W. Bush.

 

Como siempre pasa con esos fogonazos instantáneos, es todo una burda mentira. Por lo que se refiere a la credibilidad de las fuentes, el estudio fue hecho en asociación con la Universidad de al-Mustansiriya, una de las más fanáticas del mundo islámico. Les Roberts es más conocido como activista radical que como hombre de ciencia. Y la Lancet, cuyo prestigio viene sufriendo sucesivas pérdidas desde que confesó haber recibido dinero de un grupo de abogados para pregonar falsamente que algunas vacunas causaban autismo, acabó de destruir la poca credibilidad que le quedaba al admitir que había publicado el estudio de Roberts antes de tiempo, omitiendo las consultas de rigor al consejo de redacción, con el propósito deliberado de influir en las elecciones americanas. Según el periodista científico Michael Fumento, la revista se convirtió, con eso, en la “al-Jazeera del Támesis”.

 

Respecto  a su contenido, el estudio está lleno de artimañas metodológicas urdidas para producir ese resultado escandaloso. En la época en que los medios de comunicación pretendían culpar a las sanciones económicas internacionales por la desgracia de Irak, la mortalidad media alegada mundialmente, con base en unos datos de la ONU, era de ocho por cada mil iraquíes al año. En el estudio de Roberts, esa media fue reducida a cinco, sin explicación, produciendo artificialmente la impresión de un aumento anormal en el período siguiente.

 

Los resultados obtenidos fueron, aún así, decepcionantemente elásticos: dada la precariedad de las informaciones, recogidas de entrevistas con mil ciudadanos iraquíes confiados únicamente en su memoria personal de los óbitos, el cálculo final de las muertes ocurridas desde el comienzo de la guerra daba algo entre ocho mil y 194 mil. No podía haber mayor incertidumbre. ¿Cómo salir de ella? Roberts y su equipo no lo dudaron: hicieron el promedio y lo publicaron. Como observó el columnista Fred Kaplan en Slate, “eso no es un cálculo aproximado: es un “juego de tiro al blanco”.

 

Un periodismo decente habría dado espacio al menos a algunas de las objeciones hechas al estudio, todas de orden científico-matemático, que salieron en los medios de comunicación americanos. Pero hoy día esa sugerencia está excluida a priori como inaceptable provocación derechista. ¿Quién va a querer cumplir la vieja regla de “escuchar a la otra parte”, sabiendo que es la parte derecha?

 

Para ahorrar a los periodistas brasileños semejante humillación, que su conciencia profesional jamás les perdonaría, el lector puede asumir el encargo de investigar por sí mismo. He aquí algunas fuentes:

http://techcentralstation.com/110104H.html;

http://www.weeklystandard.com/Content/Public/Articles/000/000/004/858gwbza.asp;

http://www.stats.org/record.jsp?type=news&ID=481;

http://www.slate.com/Default.aspx?id=2108887&;

http://techcentralstation.com/102904J.html.