Nonagenarios

Olavo de Carvalho

Zero Hora, 2 de noviembre de 2003

 

 

Al denunciar que el gobierno está “poniendo de rodillas a los medios de comunicación”, el big boss de la Folha de S. Paulo, Otávio Frias de Oliveira, ha dicho lo que ya sabía todo el mundo pero que nadie quería reconocer en público. Sofocar a las empresas para luego acudir a socorrerlas con subvenciones oficiales es un juego totalitario demasiado torpe como para no llamar la atención.

 

Es admirable que un empresario de 91 años tenga la valentía de hablar, mientras que sus colegas más jóvenes y vigorosos prefieren hacerse los desentendidos, sea por timidez, sea por considerar que es un gran negocio malvender la libertad por las migajas caídas de la mesa del BNDES [Banco Nacional de Desarrollo], la misma mesa en la que Hugo Chávez y Fidel Castro se atiborran sin tener que dar nada a cambio.

 

Pero no cabe esperar que un hombre sólo, incluso con experiencia nonagenaria, lo diga todo. Frias sólo ha hablado de la presión económica desde arriba. Pero ¿y el control político de las redacciones? ¿Y la censura interna que, desde hace décadas, mantiene a la opinión pública en la ignorancia de hechos esenciales para que no perciba la escalada neocomunista en el continente? ¿Y la desinformación organizada, que, por medio de una retórica evasiva antiamericana, intenta ocultar al pueblo la autoinmolación de la soberanía nacional a la voracidad de poder del nuevo gobierno mundial que se está creando en la ONU? ¿Y la dictadura cultural que ha eliminado de las librerías y de las universidades toda la bibliografía contraria a los propósitos del izquierdismo, encerrando a dos generaciones de brasileños en una nueva caverna de Platón en la que los esclavos ya ni siquiera pueden saber que son esclavos? ¿Y la lenta e irrevocable imposición de los tópicos verbales “políticamente correctos” en el vocabulario de los medios de comunicación y de los colegios, que obliga al pensamiento colectivo a ceder a la mentalidad izquierdista incluso cuando tiene el atrevimiento de oponerse a ella? ¿Y la subrepticia política de “ocupación de espacios”, que ha convertido a la izquierda en un fiscal omnipresente que no puede ser fiscalizado por nadie?

 

Sin esa larga preparación del ambiente, jamás un gobierno petista tendría la osadía de intentar controlar a los medios de comunicación mediante el chantaje económico. Sin ella, ni siquiera habría tal vez gobierno petista. Sin ella, ningún brasileño habría aceptado como cosa normal la patraña de una elección pre-programada para obligar al electorado a escoger entre la izquierda y la izquierda misma. Para que los medios de comunicación hayan sido puestos de rodillas, primero fue necesario colocar de rodillas al país entero.

 

Frias no ha hablado de nada de eso, ni tenía la obligación de hacerlo. Lo que me pregunto es: ¿cuándo va a aparecer un rector de 91 años que denuncie que es prisionero de la inquisición petista en la universidad? ¿Cuándo va a aparecer un escritor de 91 años que denuncie la dictadura izquierdista en el establishment cultural? ¿Cuándo va a aparecer un reportero de 91 años que desvele las conexiones PT-Farc? ¿Cuándo va a aparecer un policía de 91 años que denuncie al gobierno que entrega inerme a la policía en manos de los delincuentes? ¿Cuándo va a aparecer un militar de 91 años que denuncie la manipulación izquierdista que al mismo tiempo debilita por todos los medios a las Fuerzas Armadas y fomenta en ellas la locura antiamericana para inducirlas al suicidio?

 

Antiguamente, la tarea de descubrir la desnudez del rey incumbía a los niños. Pero éstos están ya demasiado corrompidos por los “parámetros curriculares” políticamente correctos como para poder ver la diferencia entre cuerpos desnudos y vestidos, a la vez que los adultos, cuando los ven, prefieren callarse porque tienen pequeños intereses y grandes ilusiones que defender. Sólo los hombres de 91 años se acuerdan todavía de esa diferencia y no tienen la esperanza loca de sobrevivir indefinidamente gracias al silencio cobarde. Por eso el futuro, hoy, depende de esos hombres sin futuro.