Pacifismo asesino

Olavo de Carvalho

Zero Hora, 23 de febrero de 2003

 

 

Bastaría que los medios de comunicación expusiesen en dosis iguales las informaciones provenientes de ambas partes, para que la aplastante mayoría de los lectores condenase la campaña “pacifista” como un sórdido acto de guerra camuflado tras bellas palabras.

 

Para evitar eso, las informaciones del lado americano salen truncadas o son completamente omitidas, mientras que el griterío de las manifestaciones resuena por el mundo como si fuese la pura voz de la razón y de la bondad, limpia de cualquier intención menos que angélica. Claro: sólo los más elevados sentimientos éticos podrían producir el milagro de juntar al comunista línea dura Brian Becker, al radical islámico asesino Mumia Abu-Jamal y al líder nazi David Duke en una efusión unísona de incontenible amor a la paz. Los nombres de esos sentimientos son: anti-americanismo, anti-semitismo y anti-cristianismo.

 

Pero nada de eso puede llegar a conocimiento del lector brasileño. El espacio de los periódicos es distribuido de manera monstruosamente desigual entre los pros y los contras, haciendo de los medios de comunicación nacionales una máquina de propaganda empeñada en proteger al buenecito de Saddam Hussein, asesino de 200 mil prisioneros políticos, contra el malvado George W. Bush.

 

Sólo para dar un ejemplo, los medios de comunicación nacionales en bloque están escamoteando a los lectores la información esencial respecto a las manifestaciones “pacifistas”: la ONG que las promueve, la A.N.S.W.E.R. Internacional, es una organización de fachada del World Workers Party (“Partido Mundial de los Trabajadores”), que no es nada más que el brazo internacional del Partido Comunista de Corea del Norte -- el partido del genocida Kim Il Jung.

 

La A.N.S.W.E.R. (Act Now to Stop War and End Racism) coordina una red mundial de ONGs y puede producir en pocas horas movimientos de masa en varias partes del planeta, dando la impresión de una reacción popular espontánea.

 

La cantidad de dinero involucrado en eso es tan grande, que la A.N.S.W.E.R. difunde anuncios por el mundo pidiendo voluntarios para trabajar en la organización de protestas en los EUA. ¿Tienen Uds. idea de cuánto cuesta dar transporte, alojamiento, alimentación y entrenamiento a decenas de millares de voluntarios venidos de países distantes (incluso de Brasil)? La financiación proviene en parte de los tradicionales mecenas del comunismo, en parte del trabajo esclavo de millones de personas, las mismas cuyo sudor y cuya sangre costean las bombas atómicas que Kim Il Jung, como ya ha anunciado, va a lanzar sobre EUA a la primera señal de alarma.

 

Ningún ser humano adulto tiene el derecho de ignorar que todos los movimientos pacifistas del siglo XX, sin excepción, fueron organizados por Estados totalitarios para desarmar y desestabilizar a Estados democráticos. Y nadie que conozca ese hecho tiene el derecho de suponer, a priori, que el actual movimiento sea una excepción.

 

Sobre todo es bueno recordar los efectos del pacifismo de los años 60 que, sacando a las tropas americanas de Vietnam, dejó el campo libre a la ocupación comunista de ese país y de Camboya, con el consiguiente genocidio de tres millones de personas: el triple del número de muertos de la propia guerra. Y ningún entusiasta del “flower power” jamás se ha arrepentido de haber ayudado a forjar esa paz asesina.